Balneario

balnearioÓleo sobre papel. 63 x 48 cms. Diciembre 2015

La pasada primavera regalaron a mi hijo mayor una cámara de fotos acuática. Desde entonces, playas y piscinas me despertaron una especie de instinto voyeurista que me ha hecho pasar mucho tiempo sumergida, observando el comportamiento de las personas bajo del agua.

Es un mundo paralelo, más amable, acolchado, con la felicidad irreal de un balneario. Un lugar con gritos amortiguados y movimientos lentos, con objetos distorsionados. Encuentro de carne que se mueve pausadamente, siempre ligera, donde las edades quedan igualadas por la ingravidez.  Un mundo de cuerpos sin cabezas, donde avanzar es difícil. Un lugar azulado y brillante donde no es necesario hablar para entender muchas cosas.

 

 

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