Quiero correr

Acrílico y grafito sobre aglomerado. Técnica mixta. 30 x 20 cms. Julio de 2015

“Algunos días, después de la cena, él todavía continuaba corriendo imaginariamente. Entonces, mientras su familia veía la televisión, salía a la terraza, encendía un cigarro y mientras expulsaba el humo seguía corriendo en el interior de su cabeza. En los momentos de mayor delirio, no era raro que viera delante de sí las pantorrillas de la chica, sus calcetines blancos, sus zapatillas con las cintas reflectantes…

– Quiero correr- le dijo a su mujer un día.

– ¿Cómo que quieres correr? ¿Correr con un chándal y una cinta en la cabeza?

– En chándal o con pantalones cortos- respondió él.

Durante la cena, la mujer se volvió a los hijos, diciéndoles:

– Vuestro padre quiere correr con un pantalón corto y una cinta en la cabeza.

Los chicos se rieron lo suyo antes de que la sintonía de la telecomedia los arrebatara de la silla.

Esa noche, el hombre no fumó. Y al día siguiente tampoco. Al tercer día, el síndrome de abstención había alcanzado un grado de agobio excitante. Era consciente de que no fumaba cada minuto de su vida, pero podía soportarlo. Pensó que correr sería parecido. Solo era necesario entrenar lo suficiente como para instalarse en ese grado de sufrimiento placentero. A los pocos días, se compró un pantalón corto y salió a correr seguido de las miradas irónicas de su familia. Sólo llegó a la esquina. Después continuó andando pero no se rindió: cada día corría un poco más. Ya se había olvidado del tabaco y sólo cenaba ensaladas, para rebajar peso.

Pasado el tiempo, una noche se puso el pantalón corto y salió a correr a la misma hora a la que pasaba la muchacha. Se colocó detrás de ella, a la distancia precisa para no resultar impertinente y copió su ritmo. Era un ritmo suave, contenido pero homogéneo. Enseguida, casi sin darse cuenta, se instaló en el cansancio tolerable. Las piernas se movían solas, la nube de vapor, alrededor de sus labios, dibujaba letras. Entonces cerró los ojos para disfrutar más de la situación y escuchó el frenazo de un coche a su lado, pero él continuó corriendo, continuó corriendo con sus pantalones cortos, con su cinta, y supo que se había convertido en la misma materia de la que estaba hecha la chica cuando advirtió, sin necesidad de levantar los párpados, que estaba atravesando los tabiques de las casas, los autobuses, las tapias, las paredes. Luego, al pensar en la posibilidad de dar la vuelta para regresar a casa, sintió pánico de su vida anterior y entonces supo que correría eternamente.”

Fragmento de “El hombre que corría”, de “Cuentos de adúlteros desorientados”, de Juan José Millás.

“…They will not control us. We will be victorious…” , de Uprising, de Muse

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