Ondinas

sirenas

Óleo sobre lienzo. 200 x 80. 2008

detallesirenasDetalle de”Ondinas”

El agua atrae peligrosa e irresistiblemente. De pequeña, cuando aún no sabía nadar, me tiré a una acequia y me tuvieron que sacar del agua. Ya de adolescente, con 19 años hicimos un viaje familiar a Suiza y fuimos a ver las cataratas del Rhin que hay cerca de Schaffhausen. Como buenos maños echados p’alante, nos pareció que aquello tampoco era mucho más grande que el Ebro… así que con mi hermana, mi prima y un amigo nos aventuramos a meternos en el Rhin desde una zona apta para bañistas. Lo cruzamos sin aparente problema, pero la corriente nos arrastró tan abajo que después nos vimos obligados a andar por la orilla descalzos y en bañador cerca de media hora para intentar acercarnos a nuestro punto de salida en la otra margen. Para cuando emprendimos la vuelta, estábamos tan agotados de nadar y caminar, que empezamos a agobiarnos. Nos pusimos nerviosos, nos paralizó el miedo y tuvimos que pedir ayuda a los barcos turísticos que pasaban cerca de nosotros y que no percatándose de la situación, se limitaban a devolvernos el saludo con la manita. Por suerte, unos señores que estaban viendo toda la escena desde la orilla vinieron en nuestra ayuda con colchonetas. Me hubiera gustado ver sirenas, pero sólo vi colchonetas… Veintitantos años después aún nos dura el susto.

 

 

 

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